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miércoles, abril 24, 2024

El negocio de las Esculturas del Puente de Carlos de Praga

El negocio de las esculturas del Puente de Carlos de Praga es una historia fascinante que se desarrolla detrás de la majestuosidad arquitectónica de este emblemático puente en la ciudad. Desde tiempos antiguos, estas obras de arte han sido testigos de disputas, promesas y la evolución misma de la ciudad

Una lucha por el esplendor

La historia de las estatuas del Puente de Carlos está marcada por una intensa lucha por conseguir un lugar atractivo para exhibir estas obras de arte. Desde el inicio de su construcción en el siglo XIV, la idea de decorar los pilares del puente con esculturas no estaba en los planes. Pero con el tiempo, la necesidad de embellecerlo se hizo evidente.

El auge de la instalación de efigies de santos se remonta a la época barroca, cuando la conexión entre Mala Strana y el casco antiguo estuvo ausente durante mucho tiempo. Los constructores y arquitectos concentraron la decoración en las dos torres a la entrada del puente, dejando los pilares desnudos y sin adornos.

Una evolución escultural

Con el tiempo, las esculturas comenzaron a proliferar en el Puente de Carlos. Contando historias religiosas y simbólicas que atraían a los visitantes de todo el mundo. Desde la estatua de la Crucifixión hasta la figura del caballero Roldán, cada escultura tiene su propia historia que contar.

La cruz original, que se encontraba en el tercer pilar del puente. Fue derribada durante los disturbios husitas y posteriormente reemplazada por una obra renacentista con figuras de la Virgen María, María Magdalena y Santa María. Sin embargo, su forma exacta se perdió en el tiempo.

Después del final de la Guerra de los Treinta Años, los concejales de Praga adquirieron una cruz de bronce en Dresde. Que todavía se conserva en el puente como la escultura original más antigua. En el siglo XIX, se agregaron estatuas de la Virgen María y de San Pedro, ampliando aún más la riqueza artística del lugar.

El prestigio de las esculturas

La instalación de estas esculturas se convirtió en un asunto prestigioso, con dignatarios, órdenes eclesiásticas y donantes compitiendo por obtener un lugar en el puente. Durante los años 1706 a 1714, hubo un animado movimiento donde los donantes solicitaban con antelación a los concejales de Praga los lugares más importantes en el centro del puente.

Esta actividad de «lobbying» terminó con la peste de 1713, pero se logró instalar un total de 24 pilares con obras de arte de los principales talleres de escultura. Hoy en día, 12 estatuas o esculturas originales aún se conservan en el monumento, mientras que los originales restaurados se exhiben principalmente en el lapidario del Centro de Exposiciones y en la Sala Gorlice de Vyšehrad.

En resumen, las esculturas del Puente de Carlos de Praga no solo son testimonios de la habilidad artística de sus creadores, sino también de la rica historia. Con las complejas dinámicas sociales y el negocio de las Esculturas del Puente de Carlos de Praga que dieron forma a este emblemático lugar.

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